martes, 10 de mayo de 2011

Rayuela-Capìtulo 68 Julio Cortàzar

Apenas èl le acariciaba el cuerpo, a ella se le agitaba el corazón y caían en aguas tibias, en salvajes pensamientos, en pétalos suaves. Cada vez que èl procuraba mirar las manos, se enredaba en un sonido quejumbroso y tenia que taparse de cara al alma, sintiendo cómo poco a poco las piernas se cruzaban, se iban apretando,juntando, hasta quedar tendido como el sofà cama de terciopelo al que se le han dejado caer unas fibras de caricias.
Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se palpaba los hombros,consintiendo en que èl aproximara suavemente sus brazos. Apenas se
entre abrazaban algo como un plumaje los erizaba,los extra apasionaba y consentia, de pronto era el mirador, la maravillosa vibrante de  las matrices, la encantadora atractiva del resplandor, los espias del muno en una pequeña pausa. ¡ Amor! ¡Amor! Transtornados en la cresta del papagayo, se sentían arrasar, perdidos y ansiosos. Temblaba el mundo, se vencían las angustias, y todo se respiraba en un profundo silencio, en llamas de aguas cristalinas, en caricias casi crueles que los arriesgaba hasta el límite de las montañas.




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